martes, 12 de agosto de 2008

MENTIRAS PIADOSAS

julio 2008
Son geniales las frases que los hombres y mujeres utilizamos para dar por concluida una relación sentimental que nos asfixia. Son geniales -repito-, no tanto por lo que literalmente dicen, sino por lo que diplomáticamente maquillan. A todos nos aterra mirar a nuestra pareja y decirle, sin anestesia, “ya no te amo”, “ya no te quiero”, “ya no me gustas” o “estoy enamorado de otra persona”. Nadie quiere hacer ese trabajo sucio, porque hacerlo implica enfrentarnos con nuestro lado más indolente, frío y villano, y eso puede resultar sumamente trágico para la salud del cualquier ego.
En remplazo de esas verdades lapidarias, el ingenio humano ha creado todo un catálogo de mentiras perfectas para salir delicadamente del aprieto. Tan efectivas son esas excusas que ya casi se han convertido en clichés instalados en el imaginario popular. No sé ustedes, pero yo he escuchado decenas de veces esas expresiones cínicas y cobardes, y en alguna que otra ocasión hasta me he sorprendido a mí mismo apelando a ellas para ponerle punto final a un affaire sin futuro.
La más celebre de todas es la famosa “El problema, mi amor, no eres tú, soy yo” (cuyas funcionales variantes pueden ser “Te mereces a alguien mejor que yo”, “Te mereces a alguien que pueda darte lo que yo no soy capaz de ofrecerte ahora”, “No soy lo suficientemente buena para ti” o “Tú eres mucho para mí”. Esta última, por cierto, es especialmente patética porque parece un calco de la frase de un empleador que se excusa de contratarte porque estás “sobrecalificado” para el puesto).
Cuando tu novia se aburre de ti también recurre a fórmulas infalibles como “Hay que darnos un tiempo” (pero nunca precisan cuánto), “Quiero estar sola” (mentira), “Necesito mi espacio”, “Quiero estar más con mis amigos”, “Quiero dedicarme a mis estudios”, “Quiero saber quién soy” y el comiquísimo “No es nuestro momento” (con sus suplentes “Nuestros tiempos son distintos” o el seco “Estoy en otra”).
Ahora, si no pensamos ya en expresiones breves, sino en los gruesos argumentos falsetes que dan las mujeres para cortarte, tengo tres clásicos imperdibles:
1. Cuando te dicen: “Sabes que siempre vas a ser el hombre más importante de mi vida. Nunca nadie me ha hecho sentir como tú, pero tienes que entender que ahora tengo cosas personales que superar y terminar de entender. Estoy tan confundida que ni yo misma me entiendo”. ¡Joder! ¡Nunca digan eso, por Dios!
2. Otro rollo asquerosamente chantajista es este: “Esto lo hago por los dos. Si realmente me amaras como dices, entenderías mi decisión, me apoyarías y me dejarías ir. ¿O es que realmente no me amas?”. Esta es, francamente, notable porque, en el momento en que menos te diste cuenta, te pasaron la factura del rompimiento a ti. Y uno, como el buen pelotudo que es, se retira de la escena con un inexplicable sentimiento de culpa. Aquí vale recordar también al amigo imbécil que, en lugar de consolarte sin amaneramientos, te cita el manido refrán “Déjala ir. Si vuelve, es porque en realidad fue tuya; si no, es porque nunca lo fue”. Consejo: si alguien intenta suavizar tus depresiones con esa babosada, aléjalo de tu vida inmediatamente.
3. Otro subterfugio que las mujeres dramatizan estupendamente es este: “¿Acaso crees que es fácil para mí? Es probable que tú encuentres a otra, en cambio yo siempre me quedaré con la duda de si tomé la mejor decisión. Vas a ver que en el futuro me lo vas a agradecer”. ¡¡¿Agradecer?!! ¿Díganme si no provoca descuartizarlas?
Sin embargo, de todo este repertorio de últimos adioses, permítanme quedarme con el que una chica me soltó hace muy poco. Habíamos tenido lo que se llama un approaching muy simpático y, aunque no empezamos nada formal, su discurso de despedida fue toda una dolorosa sesión de acupuntura. Con una sonrisa emblemática y los ojitos chisposos, me susurró: “Eres un chico A1. Eres lo máximo. Eres increíble. Cualquier chica quisiera estar contigo, pero tengo miedo de arriesgarme y, la verdad, no quiero hacerte daño”.


Este fue mi pequeño homenaje a mi maestro - Renato Cisneros - este post que él publicó hace unos meses, refleja la cruda realidad del fin de las relaciones humanas, cuando lo leí y lo volví a leer, indiscutiblemente acepté que yo no soy el primero ni seré el último en pasar por estas cosas, siempre a alguien le ocurrió algo parecido o casi idéntico,cual plagio no autorizado.